Mislata, crisol de culturas

Me he tomado la libertad de traducir al castellano y editar con enlaces un pequeño artículo sobre mi pueblo publicado en 2004. El archivo original puede descargarse en este enlace:

Mislata, cresol de cultures

El artículo original incluye algunas fotografías actuales y antiguas de la población.

Mislata, crisol de culturas

Autores: Jesús López e Iván Esteve
Publicado en Papers de L’Horta, nº 20, primer semestre de 2004
Traducido al castellano por Jorge Balaguer. Marzo de 2018

Mislata es, con más de 42.000 habitantes, una de las ciudades más pobladas de la provincia de Valencia. Ubicada en el margen del río Turia, la ciudad limita al norte y este con el cap i casal, al oeste con Quart de Poblet y al sur con el municipio de Xirivella.

A pesar de disfrutar de una independencia y autosuficiencia plena, la proximidad a la gran ciudad es uno de sus principales elementos caracterizadores, como también lo es su densidad de población, ya que los habitantes conviven en un término municipal reducido que apenas supera los dos kilómetros cuadrados. En los últimos años, al igual que muchos otros municipios del cinturón de Valencia, Mislata ha experimentado un periodo constante de cambios y transformaciones hasta el punto de convertirse en una gran ciudad, que se parece poco a aquella ciudad de la huerta valenciana que fue en un pasado no muy lejano.

RECORRIDO HISTÓRICO

El nacimiento de Mislata está íntimamente ligado a la fundación de la capital. Se podrí­a decir que la creación de la ciudad de Mislata es una consecuencia de la existencia de la ciudad de Valencia y, por tanto, sabiendo las fechas históricas del nacimiento de la gran ciudad, sabemos la fecha aproximada de la creación de esta villa (año 210 a.C). Valencia fue erigida como una ciudad castillo, a orillas del río Turia, para aprovechar la isla que formaba el gran meandro donde estaba enclavada como una línea de posible defensa del territorio en tiempos de los romanos. Mislata, en cambio, fue creada por una absoluta necesidad de la gran ciudad, la de proteger la canalización del agua del río para el abastecimiento de la capital. Después, las tierras de alrededor fueron desecadas para el cultivo y Mislata fue el primer municipio del primer “cinturón urbano”, continuado por muchas otras en la gran llanura al oeste de la ciudad de Valencia. Posiblemente, la espina dorsal del riego de las “cinturaciones” valencianas sería la primitiva acequia de Favara (aún existente), que atraviesa todo el espacio libre desde Mislata hasta la Albufera.
La historia más antigua de la ciudad de Mislata está marcada, como la propia Historia en mayúsculas, por las sucesivas guerras y luchas de poder que protagonizaron todos sus pobladores. Así­, podemos situar el primer gran hito bélico alrededor del año 75 a.C., durante las luchas constantes entre los generales romanos Pompeyo y Sertorio, que acabaron con el triunfo del primero, tras una batalla definitiva que tuvo como escenario el lugar ocupado entre el río Turia y la capital, según cuentan los historiadores entre el Pla de Quart y la localidad de Mislata. La segunda de las grandes batallas que marcan los ejes centrales históricos de la ciudad de Mislata la encontramos a finales del siglo XI, en una sociedad feudal y con un protagonista de excepción, Rodrigo Díaz de Vivar, el más famoso de todos los mercenarios de guerra de su tiempo. El Cid, entonces al servicio de Alfonso VI de Castilla, se apoderó de la ciudad de Valencia tras una sangrienta batalla contra las tropas del ejército Árabe comandadas por los almorávides. De hecho, el día de la aparición de la luna shawwal (14/10/1094) los musulmanes estaban congregados en oración por la fiesta de la ruptura del desayuno a Manzil Ata (Mislata), junto a la Saquiyat Hawara (Acequia de Favara). La batalla comenzó con un enfrentamiento cruel entre los dos ejércitos. En un momento, el Cid pidió la retirada y los árabes creyeron en su victoria, porque eran muy superiores en número. Sin embargo, el Cid estaba preparado y rodeó el ejército musulmán, que atacó por el vacío que dejaban las tropas cristianas. La estrategia dio un magnífico resultado y la victoria, gracias a la astuta maniobra utilizada por el Cid en terrenos de Mislata, aseguró la paz en Valencia y alrededores durante algunos años.

Durante la conquista cristiana, Mislata era una alquería donde Jaime I, fiel a la su idea de libertad – que consistía en el acceso a la propiedad de la tierra – repartió casas y terrenos. La concesión del poblado en conjunto fue otorgada a Sancho López de Albero en 1239, según consta en el Libre del Repartiment, aunque posteriormente también poblaron la villa otros caballeros como Ramón Seguí­ y En Pertusa, que recibieron importantes donaciones por su clase social, así­ como dos frailes del Monasteri de Poblet, ubicado en el pueblo vecino. Y así­ llegamos al año 1348, fecha del tercer gran hito en el que el nombre de Mislata pasó a engrosar las páginas de la Historia, en un enfrentamiento conocido como la Batalla de Mislata. Entonces, las fuerzas de Pedro el Ceremonioso se enfrentaron a las fuerzas de la Unión Aragonesa primero y la Unión Valenciana posteriormente dentro de un movimiento señorial en defensa de sus privilegios de clase. El 9 de diciembre de 1348, el Pla de Mislata fue el escenario de la terrible batalla, en la que las tropas reales vencieron los unionistas tras haber sufrido numerosas bajas. Una vez vencidos los enemigos, el rey aplicó a los derrotados todo el peso de la justicia y castigó los unionistas con crueles castigos, como obligarlos a beber el bronce fundido con el que se había fabricado la campana que convocaba las reuniones de los rebeldes. Posteriormente, la alquería de Mislata fue un lugar de convivencia, casi siempre tensa pero fructífera, entre los moriscos y los cristianos viejos, en una larga etapa marcada por las sucesivas baronías de Mislata. El primer barón de Mislata fue Pere II de Boil, que también lo fue de Manises, Albalat y Benilloba, y quien siguieron muchas otras familias nobles hasta que en 1497, Francisco de Aguilo vendià Mislata al conde de Aranda, sin duda el barÃn políticamente más importante de Mislata.

Pedro Pablo Abarca de Bolea fue el décimo conde de Aranda y barón de Mislata y la Morería, nombre que aún hoy conserva el centro histórico de la ciudad. Gran estadista de España, fue nombrado capitán general de Valencia en 1763, ocupó la presidencia de Castilla en 1766 y dirigió la política del Estado impulsando importantes reformas ilustradas, y se caracterizó por su animadversión a la Gran Bretaña y por ser el artífice de la expulsión de los jesuitas de España. En el Ámbito local, el conde de Aranda pasó a la historia por ser el creador de la Carta Puebla en 1611, un documento que informa sobre la concesión hecha por el conde con el fin de realizar una nueva repoblación de la villa. La expulsión de los moriscos dos años antes dejó las zonas rurales prácticamente despobladas y los señores, propietarios de la casi totalidad de la tierra de Mislata, llevaron agricultores de lugares menos castigados, al igual que en la Época de Jaime I, pero en condiciones mucho más degradantes, como se detalla en este documento. Para concluir el repaso histórico a los hechos más destacados sucedidos en Mislata, es necesario referirse dos Últimas batallas que tenían como objetivo la toma de la gran ciudad y que la pequeña ciudad de Mislata. Por su situación geográfica, fue el bastión sobre el que las fuerzas enemigas obtuvieron el Éxito en la captura de la capital del reino. La primera de ellas, en medio de la Guerra de la Independencia, la protagonizó el general francés Suchet, que estableció el cuartel de la artillería en la ciudad, entre Soternes y Campanario. Y la segunda y Última de estas grandes batallas ocurrió ya en tiempos modernos, cuando el general Martínez Campos bombardeó Valencia para sofocar la insurrección cantonalista que se inició en Cartagena. Una vez más, el emplazamiento ligeramente elevado de la ciudad de Mislata sirvió para que fuera elegida como punto estratégico militar.

AGRICULTURA E INDUSTRIA

Por otra parte, en la Mislata de la Época moderna, una vez superadas todas las luchas entre los distintos pobladores, los habitantes se asentaron y progresaron en su modo de vida, que durante siglos y siglos no fue otro que la agricultura. Las primeras documentaciones históricas hacen ver que alrededor del siglo XIII y siguientes la viña era el principal cultivo de la tierra alta del término, y los cronistas más antiguos dicen que el vino de Mislata tenía una calidad excelente, muy apreciada por el mercado.

Sin embargo, los principales cultivos de las tierras de Mislata, al menos durante los dos Últimos siglos de historia, eran los habituales de una ciudad de la huerta valenciana. El trigo era, sin duda, el producto por excelencia y el que ocupaba un mayor número de hectáreas cultivadas, además de constituir la principal fuente de mantenimiento de los vecinos mislatenses. Además del trigo, pero en menor medida, también era fácil encontrar en Mislata campos de patatas, cebollas y todo tipo de verduras (pimientos, pepinos, tomates…), que dejaron paso más tarde – ya en el siglo XX – a huertos de naranja. Incluso hoy, en los últimos vestigios de tierra labrada que todavía hay en el término municipal de Mislata, alrededor del emblemático Pou del Quint, se ven algunas plantaciones destinadas al cultivo de verduras. Al igual que en muchos otros municipios del Área metropolitana de Valencia, el paso del tiempo fue quitando terreno a las grandes llanuras de huerta y la agricultura dejó de constituir la principal actividad de los vecinos de la ciudad en favor de la industria. La fabricación de piel fue, sin duda, la primera de las actividades artesanales que consiguió restar efectivos a la agricultura. Como era muy habitual en la Época, el gremio de fabricantes de piel se concentraba en una misma calle, el de Felipe Bellver, lleno de talleres de manufactura. Después de las pieles llegó la fabricación, también de forma artesanal, de toda clase de muebles hasta el punto de convertirse en uno de los grandes sectores de producción a principios del siglo pasado. Y después de estas concentraciones gremiales que ocuparon decenas de artesanos de Mislata llegó el proceso industrial, del que destacaremos la instalación de tres fábricas emblemáticas: la empresa de fabricación de abanicos de José Pinar; la de Natra, dedicada a la fabricación de chocolate y derivados, ubicada en pleno corazón de Mislata, en la actual plaza del Músico Ramón Ibars, y la fábrica de papel de fumar Paya que colocó un buen número de mislateros que ya no podían subsistir con los escasos beneficios que dejaba la agricultura. Hoy, a excepción de Payá, las grandes industrias también han desaparecido del casco urbano de Mislata y el sector servicios es el hegemónico. Una potente red de servicios sostenida por un tejido de más de 1.200 comercios y pequeñas empresas constituyen en la actualidad el principal sector económico de la ciudad.

PRESENTE Y FUTURO

Hoy en día, Mislata es el resultado de la importante transformación, sobre todo urbanística, que ha vivido en los Últimos años. El paso del siglo XX ha borrado de la memoria de muchos habitantes aquella imagen de pueblo de la huerta valenciana que tenía en la agricultura la su vida. Los caminos, campos, alquerías y molinos dejaron paso a las fábricas y construcciones industriales, que también terminaron sucumbiendo ante el avance voraz del crecimiento urbanístico residencial.
Mislata supera ya los 40.000 habitantes y ahora lucha para deshacerse de la etiqueta de “ciudad dormitorio” impuesta por la proximidad a la gran capital, de la que trata de aprovechar los innumerables beneficios y minimizar las desventajas de la proximidad. Y uno de estos grandes beneficios son las excelentes comunicaciones con las que cuenta la ciudad, donde la conexión con Valencia gracias al Metro ha servido para ganar en vitalidad y hacer más cómoda la vida de sus ciudadanos. Cada día, cientos de vecinos llegan en unos minutos en el corazón de la gran ciudad y tienen al alcance todo un universo de servicios. Sin embargo, la dependencia de Mislata respecto del cap i casal, a pesar de ser real, no es excesivamente marcada, ya que la ciudad ha aprovechado también estos últimos años de crecimiento y transformación para crear unas modernas infraestructuras y una potente red de servicios , principalmente comerciales, adaptadas a sus necesidades. Las amplias y nuevas zonas verdes creadas han servido para oxigenar en parte la ciudad y las nuevas infraestructuras deportivas, educativas y urbanísticas, unidas a una incesante actividad lúdico-cultural para todas las edades, son las apuestas de Mislata para adaptarse los nuevos tiempos. Finalmente, no podemos cerrar este artículo sobre la ciudad sin resaltar lo que sin duda es uno de sus grandes tesoros, el de su ciudadanía. Mislata se ha convertido en un auténtico crisol de culturas donde conviven miles de ciudadanos llegados desde todos los puntos de España y de fuera de nuestras fronteras. Precisamente esta convivencia multicultural es el punto de partida de un extraño sentimiento de pueblo que, si bien atiende a personas de muy diversas raíces, se refleja en un alto nivel de participación en la vida social del municipio. Las muchas fiestas que se celebran en la ciudad a lo largo de todo el año – la máxima expresión de la que son las fiestas valencianas por excelencia, las Fallas – así­ como el sorprendentemente numeroso movimiento asociativo invitan a pensar que la ciudad, a pesar de guardar solo unas pocas coincidencias con lo que fue en un pasado no muy lejano, cree todavía en la virtud del progreso comprometido y en la convicción de que es necesario evolucionar sin dejar de mirar atrás y sin perder las señas de identidad.

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